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miércoles, 26 de diciembre de 2012

JUVENTUD, DE J.M. COETZEE


¿Novela? ¿Memorias? Da igual el género, un libro será lo que quiera que sea su autor (o su lector) y sobre todo será vulgar, bueno o extraordinario como éste. En la trilogía, este título se sitúa –cronológicamente, en la ficción- entre “Infancia” y “Desgracia”, y tal vez no sea la parte técnicamente más perfecta pero sí la más interesante para lectores exquisitos, por las referencias literarias que encierran sus páginas: a Pound, Eliot, Rilke, James, Beckett, Flaubert, Conrad, Kafka, F. M. Ford…

El contenido quizá es lo de menos. El relato autobiográfico de un joven universitario sudafricano que viaja a Londres con la esperanza de convertirse en artista y encontrar la pasión y la inspiración. Misión fallida, pero cuenta los pasos que da para ello, sus reflexiones, lecturas, evocaciones, escenas y experiencias de su vida y, sobre todo, dudas, angustias, preguntas, muchas preguntas: “¿Es verdad que el arte solo surge en la tristeza? ¿Debe volver a sufrir para escribir? ¿No existe también una poesía del éxtasis…?”. Pero la forma, el estilo es lo esencial en este autor: es de una sobriedad, de una elegancia y de una precisión que le convirtieron en Nobel 2003. Un escritor indispensable “…el que probablemente sea el mejor narrador contemporáneo vivo” (Vila-Matas, Babelia, 1-12-2012)

En casi medio centenar de post yo había procurado evitar la primera persona; romperé la regla, por fin: se me ocurre que este magnífico narrador –Coetzee- y su tetralogía (debo sumergirme aun, cuanto antes, sin falta, en la última entrega: “Verano”) son la mejor manera de acabar algo, lo que sea: un mal año, medio siglo de vida o este progresivamente lánguido, declinante blog.

domingo, 4 de noviembre de 2012

HIJO DE DIOS, DE CORMAC McCARTHY


Ya era otro olvido imperdonable que todavía no hubiese aparecido en este blog Cormac McCarthy, un escritor tan enorme como misterioso, seductor de lectores, eterno candidato al Nobel y siempre relegado en la arbitraria pedrea final.

Aquí el protagonista es Lester Ballard, un marginado social que sobrevive en los bosques como una alimaña, como un salvaje, resentido, desconfiado y frustrado sexualmente. Por eso comete horribles asesinatos, robos, necrofilia, repulsivos actos en los que el escritor no ahorra detalles ni realismo, no renuncia a lo explícito, impactando al lector; pero al mismo tiempo ejerciendo crítica también de la sociedad que margina a los seres diferentes, de manera que Cormac no condena del todo a un tipo que a veces aparece más como un pobre hombre que como un criminal.

Este “Hijo de Dios” es uno de sus primeros libros y quizá un título menor, pero deja ver ya sus posteriores temas favoritos y las características de su brillante escritura, como adelanto de las que serán luego sus obras más conocidas (por su adaptación al cine), “La Carretera” y “No es país para viejos”. Prosa casi poética (en descripciones sobre todo), diálogos sin guiones, estilo directo, intenso, seco. Y al lado de una delicada descripción, una terrible escena de crueldad. Y luego el mal, la violencia, ambientes desoladores, atmósferas envolventes, situaciones apocalípticas, personajes marginales, inadaptados, siempre en el límite, aunque sean en cierta manera redimidos por el autor pues –como en este caso- también son “hijos de Dios”.

lunes, 8 de octubre de 2012

FANTASMAS DE PIEDRA, DE MAURO CORONA


El título es muy poético, pero lo que verdaderamente resume el espíritu, el sentido y la idea del libro es el subtítulo: cuando una aldea era el mundo. Eso es lo sustancial, el gran descubrimiento de una narración que indaga en las vivencias, en la infancia, en la memoria siempre y a veces también en la leyenda para mostrar un mundo ya desaparecido, la crónica de una aldea auténtica tal como eran antes, con hombres y mujeres y hechos y anécdotas y vida de verdad. Hasta con cuatro estaciones de verdad, que son las cuatro partes en las que está estructurado este sorprendente libro.

Corona recorre casa por casa su desaparecida aldea, Erto, en el norte de Italia, para glosar lo que había detrás de cada pared ruinosa o lo que recuerda o imagina que pudo haber: artesanos y artistas, herreros, leñadores, carpinteros, jugadores empedernidos, torneros, campesinos, panaderos… Fantasmas de piedra que reviven fugaz, literariamente, siquiera mientras dura la lectura de esas páginas. Y el autor posa sobre ellos una mirada tierna, quizá nostálgica pero no melancólica, más bien reivindicativa de una época en la que “la vida bullía vivaz, serenamente (…) era una vida sencilla, esencial, entreverada de momentos de devoción y de trabajo.” Un mundo en el que, dice, no se notaba la ausencia de comodidades; era normal. Las echamos en falta desde que las hemos conocido. En aquel tiempo, dice también, “…se vivía, había alegría, gritaban los niños, jugaban, se perseguían bajo el cielo de la tarde”.

Es una lástima –se lamenta Corona, y muchos coincidimos- pero aquel viejo mundo se perdió y con él tantas cosas: la manualidad, el uso de las manos “no existen las buenas manos, las manos se hacen haciendo (…) nuestros hijos ya no saben siquiera encender la lumbre. Si se pierden en el bosque y hace frío, se mueren congelados. No saben trenzar unas varas, plantar un árbol, ni son capaces siquiera de sembrar una patata.” En fin, “historias de un microcosmos desaparecido”. Desgraciadamente, aunque esa perdición haya servido para alumbrar este precioso libro.

domingo, 2 de septiembre de 2012

AQUELLA EDAD INOLVIDABLE, DE RAMIRO PINILLA


El fútbol ha inspirado a buenos escritores, en la literatura y en el periodismo: Galeano, Montalbán, Enric González, Trueba, Segurola… y ahora Pinilla, Ramiro Pinilla, otra vez él.

Era buen momento -recién salidos del armario del forofismo español, de la euforia futbolística europea y patria, todavía ostentado símbolos en balcones, coches y tractores- para engendrar una novela emotiva sobre el fútbol y el club de la infancia y la memoria. Porque lo del Athletic parece una mera excusa para hacer literatura de la niñez y de la nostalgia. También de los ídolos y de la pasión: “En este mundo hay que tener algo grande por encima de nuestras cabezas. Unos tienen a Dios y otros al Athletic”, exclama a media novela el padre del protagonista, Souto Menaya, alias Botas, delantero vasco que firma el gol de la victoria contra el Madrid, saborea la gloria pasajera, conoce la desgracia de una lesión que le inhabilita, acaba atormentado ensobrando cromos entre los que está él mismo y se niega a traicionar a su club y a confesar al Marca que aquel gol definitivo lo metió con la mano, aunque la recompensa fuera un trabajo bien pagado (y sentado, el único posible para él). Alrededor de esa fábula, otras historias amargas: un noviazgo difícil, un padre forofo, una madre traumatizada, unos directivos ladinos. Y (con el fútbol de telón de fondo) la represión de posguerra, la identidad vasca, la inocencia de la infancia, la pasión, la épica, la fidelidad, la dignidad de decir “no”. Tantas cosas que acaban complicando una novela sencilla, tantas historias pequeñas en manos de un escritor grande.

viernes, 13 de julio de 2012

DESAYUNO EN TIFFANY´S, DE TRUMAN CAPOTE



Otra vez el genio, el talento inmenso de Capote, siempre brillante, delicioso, sublime. No hablamos de la efectista adaptación cinematográfica, más virada hacia el glamour y lo chic, sino del librito de poco más de cien páginas que retrata la frívola sociedad neoyorquina en torno al personaje de Holly Golightly, una mujer frágil, alocada y encantadora, alegre pero atormentada, triste pero soñadora, elegante, inmadura, sofisticada, ingenua y casi todos los adjetivos que se nos ocurran sobre el personaje. Adorable, en suma, aunque ella misma advierte sobre sí misma “no se enamore nunca de ninguna criatura salvaje… no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes”

Inunda las páginas de un sabor amargo la vida melancólica de la protagonista, buscando el verdadero amor continuamente mientras se rodea de amantes, eso sí, con toda la honestidad posible (“…no puedes cobrar sus cheques y al menos no intentar que los amas”) y subordinando su felicidad al anhelo casi exclusivo de desayunar en Tiffany´s. A su alrededor giran personajes singulares: un barman, un mafioso, un millonario, una lesbiana, un gato o un vecino escritor en ciernes (narrador del libro y enamorado de Holly), entre otros. Todos componen una historia emotiva y cruda, adornada con los diálogos y el estilo magnífico de Capote. Y las aventuras de la cautivadora Holly acaban en un final lastimoso, duro, perturbador: huyendo mientras dice “no saber lo que es tuyo hasta que no lo has arrojado…” y sonriendo “con aquella nueva sonrisa sin alegría”.

Un deleite, un regalo de libro.

martes, 5 de junio de 2012

DIARIO DE INVIERNO, DE PAUL AUSTER


Cambio de género aunque no de estilo. Cambio de registro en el aclamado y prolífico Auster: de la ficción al diario, a la memoria, a la autobiografía. Esta vez, su libro es una mirada serena y optimista a lo que ha sido su vida, ahora que entra en el (invierno) tramo final, al menos en el último cuarto, cuando se da cuenta de que ya no es joven y “…los dolores son sin duda más persistentes y obstinados”.

Auster hace inventario de sus peripecias, ya desde niño: golpes, sustos, dolores, peleas, enfermedades, cicatrices, experiencias, viajes… incluso de un par de docenas de domicilios en los que vivió, descritos con detalle excesivo aunque explicable en un escritor (que debe aislarse, vivir mucho tiempo en casa). Y también habla de su gente, padres, esposas, hijas y, sobre todo, de la suerte del amor, de la suerte de su actual mujer, la persona más importante en su vida y que quizá explica ese tono final esperanzado del libro.

Diario deslavazado pero interesante, con reflexiones sobre el miedo a la muerte, la angustia de envejecer o la nostalgia del tiempo pasado pero también con divertidos brindis, por ejemplo, al tabaco y al alcohol, placeres personales que nunca piensa abandonar. Un libro que tal vez gustaría de firmar todo escritor al llegar a cierta edad y que es a la vez un poco circular: comienza así “Tus pies descalzos en el suelo frío cuando te levantas de la cama y vas a la ventana. Tienes seis años”, y termina con “Tus pies descalzos en el suelo frío cuando te levantas de la cama y vas a la ventana. Tienes sesenta y cuatro años”. Sólo que ahora, al final, se pregunta: “¿cuántas mañana quedan? Has entrado en el invierno de tu vida.”

jueves, 3 de mayo de 2012

VIAJES Y OTROS VIAJES, DE ANTONIO TABUCCHI

Ahora que se ha ido (recientemente) bueno será recuperar a un escritor apreciado y a un tipo legal, cosmopolita y valiente. Puede ser la excusa perfecta su último libro, una crónica de viajes narrada ya desde la nostalgia, desde el presentido final de una vida, con evidentes aires de despedida. Sostiene Tabucchi en su introducción que “al escribir, uno se imagina que es otro y que vive una vida ajena. Y que está en otro lugar. La escritura es un viaje fuera del tiempo y del espacio.” Pero además él viajó mucho en realidad, lo que consideró un enorme privilegio porque “tener siempre los pies en el mismo suelo (…) puede provocar un peligroso equívoco, el de hacernos creer que esa tierra nos pertenece”. Viajar debió ser una de sus grandes pasiones. Y así lo refleja este Viajes y otros viajes: lugares, culturas, mapas, autobiografía, datos históricos, lecturas y recuerdos. Además de Lisboa, su alma verdadera, su patria literaria adoptada, se nota que hubo otros lugares amados como Creta, Brasil o India. También aparecen lugares conocidos “por persona interpuesta” y geografías imaginarias como Macondo o Yoknapatawpha. Incluso habla el autor de lo que denomina “no lugares”: aeropuertos, supermercados o estaciones, espacios en los que pasamos buena parte de nuestro tiempo pero en los que estamos como en suspenso “…porque son espacios de uso y de paso, una suerte de limbos urbanos”. Pero lo mejor, tal vez, es que se trata de uno de esos libros que hablan de otros libros: La Plaza del Diamante, El conde de Montecristo, Pasaje a la India y así hasta casi ochenta títulos. En suma, mucha literatura y todavía más sentimiento en su libro de viajes, quizá como correspondía a una especie de testamento literario del bueno de Tabucchi, al que sólo le faltó por escribir sobre “…los viajes más extraordinarios. Son los que no he hecho, los que nunca podré hacer”.

lunes, 9 de abril de 2012

EL DESVÍO A SANTIAGO, DE CEES NOOTEBOOM


Otra vez el Camino. Pero sólo de perfil, como coartada, como pretexto para consumar un largo viaje y alumbrar un estupendo libro con la crónica del mismo. No sólo es un viaje por la gran Ruta. No es un peregrino el caminante, es un gran escritor viajero. Es un recorrido lleno de desvíos, de caminos alternativos, peinando nuestra geografía y apurando mil rincones. Y no es sólo el relato de una excursión turística, ni mucho menos. Es una reflexión sobre nuestro país y nuestra gente, una profunda disertación sobre nuestra Historia, un relato de experiencias y sensaciones, una completa guía artística, un libro denso, deslumbrante, culto.

Nooteboom es un holandés inquieto y erudito que confiesa su amor por España y lo demuestra. Sabe todo de nosotros, ha visto, leído y visitado todo, para poder pensar y escribir con propiedad de una España “… brutal, anárquica, egocéntrica, cruel.”

Al final, tras serpentear por pueblos y ciudades, llega a Santiago, sí. Pero no como destino de nada ni atrapado por su fervor apostólico, sino como justificación de un trayecto que debe tener un norte, un límite pre-fijado. Todo itinerario ha de tener una meta. Y qué mejor remate para un fascinante viaje que el lugar simbólico de Compostela, la ciudad que “….cuando llueve, brilla y vive”. Y es que algunos lugares tienen eso “una magia a través de la cual participas del pensamiento de otros hombres desconocidos…” que pasaron antes por allí.

¿PUEDE UN CRÁPULA ESCRIBIR BIEN?, DE VÍCTOR MORENO


Un librito agita nuestras dudas y nos sirve de reflexión. No es más que un breve ensayo del audaz crítico Víctor Moreno sobre si un mal bicho puede o no ser un gran escritor. Tal vez la pregunta sólo daba para un largo artículo, pero él estiró el tema hasta un libro corto. Aún así, se agradece el esfuerzo de dilatación porque ello le da pie para incluir ejemplos, atizar con valentía e ironizar. Se plantea, para empezar: ¿qué es un crápula, aquel que no coincide con nuestras ideas, lo fueron o lo son Handke, Quevedo, Baroja, Faulkner…? Otro dilema que extraña: ¿porqué esto se cuestiona sólo con escritores y no con otros artistas, pintores o músicos? Y repasa entonces tópicos, tradiciones y mentiras “propias” del oficio de escritor, que pueden ser la clave de tal peculiaridad.

Segunda parte del libro, que titula Ideología y escritura: habla de la manía de encuadrar a los escritores ideológicamente, pero ¿y los epicenos, los equidistantes, los ambiguos que no se significan? ¿y esa obsesión por distinguir entre autores más o menos comprometidos? Al fin, concluye que los valores éticos pueden estar por encima de otros, pero que los estéticos no se invalidan por carecer de aquellos otros morales. Y un canalla puede escribir como los ángeles, aunque nos repugne: “De ahí que cualquiera, hasta el más granuja, puede escribir bien, sea hijoputa o carmelita descalzo, un voyeur como Proust o un pornógrafo como el poeta Larkins”. Es más –asegura Moreno- los escritores geniales, si bien se piensa, suelen darse sobre todo entre los crápulas.

Finalmente el lector decide, pero para la literatura poco importa que un escritor sea un buen ciudadano. “Ni Chesterton, que es un santo para muchos meapilas como De Prada, pasará a la historia por ser mejor escritor, por ejemplo, que Céline”.

viernes, 2 de marzo de 2012

MEMORIAS DE ADRIANO, DE MARGARITE YOURCENAR


Para que sean dichosas y fructíferas, tal vez ciertas lecturas deban abordarse en la edad adecuada, en el momento preciso, no antes (ni tampoco mucho después, no vaya a quedar el marcapáginas en la mitad).

Los fanáticos del libro dicen que leer Memorias de Adriano es una de las tres cosas que hay que hacer necesariamente en la vida. Esas categorizaciones siempre raspan, pero lo que no es exagerado afirmar es que se trata de un libro extraordinario. Un libro que quizá, sin querer, fue germen de la fiebre actual del género llamado “novela histórica”, aunque los títulos de ahora nunca lleguen a la excelencia de aquel libro “nodriza”.

Ya la peripecia de elaboración del libro fue casi una odisea, fue empezarlo y dejarlo y empezarlo de nuevo, y así sucesivamente en una especie de obsesión y deriva que se alargó muchos años. Al fin, la autora logra meterse en la cabeza del emperador Adriano para que éste cuente a su sucesor Marco Aurelio sus memorias (en forma epistolar), a la vez que hace recuento de su vida y reflexiona sobre su enfermedad, su idea de la guerra, las personas que han sido importantes para él o su inevitable muerte. Y así se mezclan -con sutileza- la historia y la ficción, la poesía y las reflexiones filosóficas: “…pero llegaba a la edad en que cada lugar hermoso nos recuerda otro aún más bello, donde cada delicia se carga con el recuerdo de delicias pasadas. Aceptaba entregarme a esa nostalgia que llamamos melancolía del deseo.”

No importa el mayor o menor rigor histórico: es gran literatura, no historia pura y dura. Es un libro denso e introspectivo, una carta de despedida, una reflexión sobre el ser humano, una novela. Yourcenar es mucho Yourcenar.

viernes, 17 de febrero de 2012

EN TIERRAS BAJAS, DE HERTA MÜLLER


Dentro de su evidente injusticia (aunque sean justos, siempre son relativos) al menos los premios -también el Nobel- sirven a veces para descubrir autores y literaturas poco conocidas. Así ocurría en el 2009 con esta gran escritora rumana.

En tierras bajas fue su primera obra, seguramente muy autobiográfica. Varias historias de su país natal contadas desde los ojos y la mente de una niña. Relatos que describen una aldea y sus habitantes, y la vida rural (costumbres, labores) nada idílica, y los sucesos familiares de esa niña (vivencias, sensaciones) nada dulces. Relatos sencillos pero llenos de detalles, que dan cuenta de una realidad dura, de un ambiente opresivo en el entorno de la narradora, trasunto del otro clima de represión en el país bajo la dictadura de Ceaucescu.

Libro amargo, pues. Para transmitir ese mundo duro, Müller usa trazos cortos, frases precisas, casi cortantes, rotundas. Pero lo hace con una narración por momentos discontinua y con ritmo de poesía, mezclando también sueños de esa niña. Todo ello suaviza mucho tanta crudeza (la misma técnica y casi los mismos retratos volvió a utilizar en su pequeña novela El hombre es un gran faisán en el mundo)

“Un chirrido cae escaleras abajo. Levanto la cabeza y la dejo caer de nuevo. Papá baja siguiendo el chirrido. Está descalzo. Con sus grandes dedos palpa la puerta negra. La puerta no chirría. Los dedos de los pies de papá crujen y el candado de la puerta negra se cierra tras él en silencio. Mi tía suelta una risita y dice: pies fríos. Papá hace chasquear los labios y dice: ratones y heno. La cama rechina. La almohada respira ruidosamente. La manta se encabalga en largas sacudidas. Mi tía gime. Papá jadea. La cama da breves sacudidas sobre su armazón.”

jueves, 2 de febrero de 2012

NO PONGAS TUS SUCIAS MANOS SOBRE MOZART, DE MANUEL VICENT


Vale, el libro tiene sus años, Madrid es otra ciudad distinta de la que pinta y este país también (es verdad aquello de que no lo conoce ni la madre que lo parió). Pero ¿qué más da? El estilo es eterno y el de Vicent sublime.

Un progre, un tipo de izquierdas sometido sin rechistar a la anarquía de sus hijos por miedo a que le tachen de reaccionario, se rebela de golpe, le arrea un bofetón a su hija y la echa de casa. El detonante: ella y sus golfos amigotes habían invadido el hogar y su hija pretendía poner para sus compinches sus discos de Mozart. Eso no, por ahí no pasó aquel hombre. Ese artículo genial da título al libro. Hay muchos más, veintitantos, todos artículos de prensa publicados en una época determinada y fruto del inmenso poder de observación del autor ante ciertos hechos (cotidianos para los demás, literariamente extraordinarios para él): la visita espectáculo del Papa Wojtyla, un día cualquiera en el Retiro, el niño chantajista de unos padres separados, el impacto de un concierto de los Rolling, etcétera. Es decir, cuadros de situaciones y radiografías de personajes, concebidos desde la mente de un escritor contemplativo y cínico.

Pero Vicent es además un gran creador de imágenes. Así empieza el artículo La noche íntima de Madrid: “En la puerta del garito, un conserje manco, iluminado por un reflejo de color quisquilla, aprieta con el muñón un taco de localidades contra la vesícula y pregona a media voz la entrada al paraíso por el precio de ochocientas pesetas, consumición incluida.” Así empieza la crónica No sonrías a un desconocido: “Era una de esas que va reventando las costuras y hace parar las taladradoras en la calle.”

viernes, 6 de enero de 2012

UN VIEJO QUE LEÍA NOVELAS DE AMOR, DE LUIS SEPÚLVEDA


Antonio José Bolívar es el anciano solitario que lee novelas de amor. Un viejo que convivió largos años con la tribu indígena shuar, que conoce sus costumbres y que conoce los secretos de la selva amazónica, a diferencia del despreciable alcalde del remoto pueblo de El Idilio y de los devastadores colonos de la zona. En una cacería organizada, el viejo logra acabar con el peligro de una tigrilla feroz y regresar a su choza para seguir leyendo las novelas que le proporciona un dentista amigo que llega al poblado de cuando en cuando.

Una trama, por tanto, sencilla, aunque tampoco es el pringoso melodrama que parece anunciar su engañoso título. Al contrario, detrás de la historia subyace una idea de denuncia del supuesto progreso del hombre blanco, la idea de conflicto entre civilización (el viejo, “poseedor del antídoto contra el ponzoñoso veneno de la vejez. Sabía leer”) y barbarie (buscadores de oro, gringos, “…colonos que destrozan la selva construyendo la obra maestra del hombre civilizado: el desierto”). De fondo, la selva llena de misterio, de color, de lujuria vegetal.

Bien: hay jungla, hay aventura, hay hallazgos, hay buenas intenciones, sin embargo nuestro autor no es Márquez ni Conrad. Lástima. Y una vez más ocurre que llegar a ciertas lecturas por entusiastas sugerencias resulta un pequeño chasco, que no se acaban de cumplir las expectativas creadas, que no está mal, pero…

EL ARPA DE HIERBA, DE TRUMAN CAPOTE


Otro inevitable, otro genio. Tan brillante que gozó de la admiración de sus contemporáneos, con tanto talento que no pudo malgastarlo ni siquiera con una existencia de absoluta piltrafa (la película Capote lo mostró muy bien, y quizá el oscarizado actor fuese todavía menos excesivo que el personaje).

A sangre fría ya le habría bastado para ocupar un puesto en el olimpo literario. Pero además están sus relatos, sus narraciones breves perfectas, como esta pequeña novela de título evocador. El arpa de hierba es una historia entretenida y tierna, pero también autobiográfica pues el autor se basó en su propia infancia que compartió con dos tías solteras y mayores. Y eso mismo narra el libro, en primera persona a través de Collin, un joven huérfano que vive con sus tías Dolly y Verena, y la criada negra Catherine. No ocurre nada demasiado extraordinario, salvo que un día las hermanas discuten y una de ellas, con el sobrino y la criada, decide huir e instalarse en una casa construida en un árbol en medio del bosque, donde se les unen un amigo de Collin y un viejo juez. El pueblo entero se revoluciona entonces y por las cercanías del árbol circulan los personajes más peculiares como el reverendo o el sheriff. Lo de menos, pues, es la historia, casi un cuento increíble. Lo de más es la maestría para describir situaciones sencillas pero llenas de matices, la prosa precisa y dulce, la sensibilidad con la que trata a unos personajes cautivadores. Y siendo una de sus primeras novelas, es además un libro más exquisitamente poético que los posteriores: “la pradera (…) se torna roja a la puesta del sol y las sombras de color escarlata, semejantes al resplandor de una hoguera, pasan sobre la hierba, arrastradas por las ráfagas de los vientos otoñales que, al agitar suavemente sus hojas, emiten un leve suspiro que parece música humana: un arpa de voces”. Esmerada poesía.

sábado, 3 de diciembre de 2011

EL DUELO, DE ANTON CHEJOV


Tiene cierto delito que después de muchas reseñas no hubiera asomado todavía Chejov por este blog. Más vale tarde. Podría haber hecho su aparición con cualquier joya de sus más de mil relatos, que para eso es el maestro de ese género considerado “menor” por algunos que nunca lo han cultivado (están verdes las uvas).

Finalmente la obra elegida es El Duelo, uno de los cuentos más largos del gran narrador pero con la misma materia de la mayoría de sus relatos, la vida cotidiana de sus coetáneos, gentes de la clase media, en este caso un zoólogo y un funcionario, con sus miedos, deseos, debilidades. Aquí, como en La Señora del perrito, como en tantos cuentos, aparecen el amor y el desamor, la infidelidad, el fracaso, las flaquezas de los personajes y la visión moral que lo envuelve todo.

El joven funcionario Laevsky vive con su amante una relación muy criticada por amigos y vecinos. Laevsky vive de forma frívola, disoluta, sin valores. En cambio, el zoólogo Von Koren es su antítesis moral, pero también es un científico arrogante que odia al funcionario y le reta a un duelo, un enfrentamiento del que ambos salen ilesos y que es más una excusa del autor para enfrentar dos formas de vida e introducir su moraleja final: el funcionario, que pensaba abandonar a su amante, tras el duelo se casa con ella, se redime, ordena su vida. La trama es sencilla, como siempre en Chejov. Lo importante son los retratos psicológicos, muy definidos y a través de la visión de otros personajes. Y las interesantes reflexiones: “En la vida de familia, lo esencial es la paciencia. No el amor –que no puede durar mucho- sino la paciencia”. Y los finales abiertos, la permanente sensación de historias inacabadas.

sábado, 12 de noviembre de 2011

LEÑA AL FUEGO, DE JOSÉ L. GARCÍA MARTÍN


Este García Martín es un escritor formidable, aunque haya acumulado mayor fama como crítico literario riguroso y más o menos encarnizado. Su fructífero blog (cafearcadia.blogspot.com) por sí solo ya bastaría para probar que es un pensador reflexivo y un escritor más que interesante. Pero además están sus libros y su polifacética labor como crítico (ya está dicho), poeta, memorialista, profesor de literatura, bloguero (ya dicho), diarista, prologista y hasta editor.

Es buen ejemplo este Leña al fuego, bonito título para un libro de diarios. Le tiene cogido el tono a ese género de diarios o memorias o crónica de la vida cotidiana o como se quiera llamar.

Ya en la primera frase del prólogo declara su intención: “De los diarios íntimos lo que menos me interesa es lo que tienen de íntimo”. En consecuencia, las páginas que siguen luego son más bien memoria, muchas citas fruto de muchas lecturas, viajes y ciudades (“El azar es el mejor amigo del viajero irresponsable…”), encuentros con escritores, anécdotas, experiencias, pensamientos y -por encima de todo- literatura. Ya casi al final del libro se autocalifica “… ¿Soy poeta? (…) ¿Soy crítico? (…) ¿Cómo me calificaría yo a mí mismo? Como lector. Me imagino perfectamente sin escribir; me cuesta imaginarme sin un libro en las manos.”

Pero su trayectoria le corrige. Lector y escritor. Así pues, recomendación repetida: (cafearcadia.blogspot.com) un blog muy literario; un literato muy bloguero.

LA SANGRE DEL POBRE, DE LEON BLOY


“La sangre del pobre es el dinero”. Así arranca este corto ensayo del hipercatólico autor, maldito en su época. Aunque sea desde su postura casi apostólica, el mensaje de Bloy es sencillo y de triste actualidad: hay gran maldad en la riqueza y el que tiene mucho es porque se lo está quitando a muchos otros. Hoy, un siglo después de sus augurios, ¿qué no escribiría el apocalíptico autor ante un tormentoso mundo más lleno que nunca de injusticias y desigualdades, de miseria y hambre? ¿qué pensaría de la indecencia del capital, de los perversos especuladores, de los todopoderosos mercados?

Estamos ante un defensor incansable de los pobres y excluidos, que vivió la miseria en sus carnes, que vislumbró una era de catástrofes y que atacó con violencia la codicia de los ricos. Pero lo admirable es la forma en que lo hizo, la virulencia de su lenguaje, su estilo exaltado, exageradamente duro, altanero, siempre reprobatorio, que nunca deja impasible. No escribe, grita. Por eso sus textos zarandean al lector. Por eso lo mejor en su caso es citarle: “La Pobreza es lo Relativo –privación de lo superfluo-; la Miseria es lo Absoluto –privación de lo necesario.” “Para conocer lo que es el sufrimiento, hace falta haber sido amamantado y mecido en la cuna por el Dolor, por el dolor genuino que es la miseria”. A los ricos: “Tu dinero, fruto de sangre y de lágrimas, está siendo probado por el fuego que falta a los hijos de los pobres cuando nieva” o “¡Ese dinero no es suyo y lo debe restituir a los pobres! ¡Usted no puede retenerlo sin ser el más cobarde y el más abominable de los bellacos…!

Escritor insobornable (“Yo puedo alquilar mi tijera; pero mi pluma no debe pertenecer a nadie más que a mí”) Escritor denso, profundo. Prosa brillante, desmesurada.

domingo, 16 de octubre de 2011

ESPAÑOLES EN EL GULAG, DE SECUNDINO SERRANO


El subtítulo “Republicanos bajo el estalinismo” precisa más el tema. En efecto, los protagonistas del libro son los republicanos que acabaron en los campos de trabajo forzado de Rusia, luchando por sobrevivir contra el hambre, la miseria y el frío gélido. Son las biografías de españoles “de base”, ignorados y maltratados por la Historia, a los que en cierto momento repudiaba todo el mundo, hasta “los suyos”. Vidas de tristeza y desarraigo, historias muy humanas, emotivas.

El libro contempla su calamitosa peripecia en los archipiélagos soviéticos, y en ese sentido muchos “lectores al azar” se frotarán las manos antes de tiempo intuyendo un relato anticomunista. Que no se froten tanto. De la lectura profunda surgen mayores denuncias: que existieron numerosas mentiras sobre aquellos prisioneros, que sufrieron el olvido de la diplomacia y el régimen franquista (“En la dictadura, la única vía a la normalidad para los vencidos pasaba por el olvido más radical, la ablación de la memoria”) que fueron liberados finalmente gracias a la muerte de Stalin en 1953, sin apenas intervención del régimen, etcétera. Y la ironía final, el absurdo de que habían salido para Rusia exultantes de utopía republicana –libertad, igualdad, progreso- pero volvían desencantados y eran utilizados por la dictadura en sus propósitos antibolcheviques: “…españoles que marcharon a Rusia cantando el Himno de Riego y regresaron a España, quince años más tarde, en un barco donde se entonaba el Cara al sol”. Pues todo eso relata el libro, y muchas contradicciones más sobre su repatriación, su retorno, su adaptación otra vez a su patria o la vigilancia policial a la que les sometió el régimen.

Secundino Serrano, historiador especialista en estos temas, se empeña de nuevo en reivindicar las trayectorias de aquellos que lucharon o resistieron en el anonimato. Y aquí redondea su trilogía de vencidos en la posguerra española, después de sus aplaudidos libros Maquis (españoles contra Franco) y La última gesta (republicanos contra Hitler).

miércoles, 5 de octubre de 2011

SUPERFICIALES, DE NICHOLAS CARR


A veces una viñeta gráfica condensa un tratado entero.

Este libro –interesante, honesto- se subtitula ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? y analiza cómo el uso de la Red –por encima de sus innegables beneficios- está rediseñando nuestro cerebro: debilitando nuestra capacidad de concentración, alterando nuestros modos de lectura, troceando nuestras mentes, dispersándonos, mermando nuestra memoria a largo plazo, adormeciendo ciertas habilidades de retención y comprensión y creatividad.

No son opiniones, son argumentos fruto de la investigación. Neurólogos, psicólogos o educadores lo han comprobado: nuestro viejo cerebro se resiente por el uso continuado de correos, cliquear, goglear, hipervínculos, búsquedas, multimedias, alertas… Algunos lo expresan de manera muy contundente: “la Red provoca extensos daños cerebrales” “deseamos ser interrumpidos” “memoria de silicio” “la Web es una tecnología del olvido”.

Y cada uno, finalmente, lo está experimentando en sí mismo: las distracciones de Internet, sus potentes atractivos, son una amenaza demasiado grande para la concentración y la memoria, para la reflexión y el razonamiento, para la lectura profunda y crítica que exige atención, silencio y tiempo. La Red nos lleva a un pensamiento apresurado y superficial, a la lectura aleatoria, a rastrear sin leer, al batiburrillo, al “picoteo”.

La viñeta elegida para ilustrar la reseña lo expresa mejor que este texto (aunque la paradoja es que la viñeta circula por la Red)

martes, 13 de septiembre de 2011

EL PALACIO AZUL DE LOS INGENIEROS BELGAS, DE FULGENCIO ARGUELLES


Escritor no demasiado conocido, quizá porque no se prodiga con un título cada año como otros colegas, quizá porque elabora y trabaja tanto sus libros que sólo aparecen cada lustro, quizá porque vale más caer en gracia… y él no ha tenido a los voceros oficiales de su parte. Da igual: poco conocido, pero muy apreciable, sorprendente escritor. Ya lo demostró en su primera novela, de precioso título, Letanías de lluvia, una historia coral, de vidas cruzadas y enredadas en una aldea minera asturiana sobre la que vemos llover implacablemente casi como en Macondo.

Aquí confirma su notable talento. El Palacio… es libro de prosa vigorosa, de una fuerza extraordinaria, sobre todo al comienzo. Literatura y guerra civil suelen formar buena pareja, aunque aquí la contienda es sólo un telón de fondo. Estamos en los primeros años del siglo, en la época de la revolución en Asturias de un pueblo explotado contra la clase acomodada que poseía el poder (mucho que ver con lo de ahora, con lo de siempre). Y en ese contexto social complejo se narra la historia de Nalo, un chaval inquieto que entra a trabajar como aprendiz de jardinero en el palacio azul de unos ricos ingenieros belgas. Desde allí es testigo privilegiado de esos años convulsos, allí se inicia en el sexo, en el conocimiento, en las vivencias; desde allí descubre la vida, la muerte.

Hay mucho de realidad y mucho de mágico. Hay dos mundos enfrentados y contradictorios, que dejan a veces un regusto amargo. Hay prosa poética y lenguaje de la tierra, habituales en este autor. Lirismo y costumbrismo comedido se alternan en las páginas de este libro. Y Asturias sigue siendo su Macondo particular.